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>> ¿Quién necesita un pastor?
escrito por Claudio Oliver   

Image Cómo la Iglesia ha desviado del camino y el diseño de Dios para su Cuerpo...

Para abordar este punto voy a tratar de hacer un doble enfoque. Por un lado, me gustaría tratar de describir lo que en mi humilde opinión ha sido un movimiento general que la iglesia ha tenido desde finales de los 50's, pero sobre todo en los 60's y 70's hasta hoy; y cómo estos movimientos son parte del origen de algunas luchas que tenemos que abordar en nuestro tiempo.

Por otro lado, trataré de cuestionar algunos de los supuestos que han llevado, aunque sea inconscientemente, al tipo de respuestas que hemos propuesto al mundo como iglesia.

Una iglesia que se ha desviado...

Después del final de la Segunda Guerra Mundial un fenómeno, sin duda pre-existente, comienza a ser perceptible en la iglesia y finalmente domina las acciones y obras de justicia que la iglesia ha sido llamada a realizar. Lejos de que la Iglesia sea una víctima de lo que estoy empezando a describir, todo esto ocurre debido a una actitud que fue propuesta y adoptada en el interior de sus propias paredes. Esa actitud puede ser definida por la palabra "delegación".

Sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, los actos y hechos de justicia se llevaron a cabo como instrumentos para hacer frente a necesidades ficticias comunes que debían satisfacerse y gestionarse estratégicamente. Lo que es más, se llevaron a cabo como una tarea global y una obligación en lugar de hacerse como fruto de una actitud local con un flujo natural de amor que brota de un corazón perdonado. Habiendo tomado una tarea tan grande como un "llamado", la Iglesia percibe, y al final establece, que la tarea de responder a las necesidades humanas en el mundo era demasiado grande para ser manejada por una congregación local y --en una proporción grande y cada vez mas creciente a finales de los 50's-- la tarea tuvo que ser delegada a las agencias, organizaciones para-eclesiásticas, juntas, comités y programas especializados para atender las necesidades previstas. Junto a esas decisiones, la plantación de iglesias y las misiones se delegaron también a estructuras similares separadas de las congregaciones locales. La comunidad de fe local no se dedicó mas a las actividades de compasion y misericordia ni de misiones, esto se convirtió en el trabajo de agentes independientes, que sin embargo fueron financiados y suplidos por la iglesia a fin de que el trabajo fuera realizado.

Ahora, como una vaca ordeñada y libre de las preocupaciones del mundo a su alrededor, ¿qué quedó en el interior de la iglesia? La autosuficiencia y el sostenimiento. Como un mundo en sí mismo, la Iglesia empezó a preocuparse cada vez más por las cuestiones no tangibles, la hiper-espiritualidad, cómo enseñar a la gente a escapar al cielo o cómo esperar a Jesús en una estación segura. El domingo educó a nuestro pueblo a mantenerse como consumidores religiosos, paralelo al mundo que de lunes al sábado enseñó a las masas cómo ser una sociedad de consumidores. Las actividades de la iglesia se redujeron a cantar en coros y grupos de alabanza, a pelear por cuestiones pequeñas y como producto de eso: división, división y más división. La más frecuente y subsecuente tentación después de todo esto era la búsqueda de prestigio en la sociedad antes que el servicio humilde que venía como respuesta al Dios que nos perdonó.

Para manejar este escenario, una versión profesional de un líder de la comunidad (el pastor) tuvo que ser creado y capacitado a través de Seminarios y cursos. La mayoría de los que se presentaron para la tarea se han sentido llamados a servir a la gente, y de una manera piadosa y humilde, han dado su vida para ser usados por el Señor, a veces incluso hasta el punto de ser quemados por las demandas. Demandas que no son consecuencias de su llamado, sino el resultado de una vida comprometida con los programas dirigidos por instituciones estructuradas.

En cierto sentido, la iglesia cristiana en la era moderna --sobre todo las iglesias protestantes, evangélicos y pentecostales-- se han convertido en organizaciones que imitan a aquellas organizaciones existentes (llamadas "seculares") en la sociedad capitalista. Es decir, estas iglesias son igualmente especializadas en la prestación de servicios y productos para sus clientes y socios y se preocupan por su propia supervivencia: una parte del sistema establecido, proporcionando los recursos y obras de caridad a los oprimidos por ese mismo sistema, sobre todo a través de agencias o programas indirectos y organizaciones paraeclesiales.

Los profesionales responsables de cuidar de dichas organizaciones son llamados pastores o misioneros, y estoy convencido de que el Señor los llamo a ser esto, pero cuando todo está dicho y hecho, al observar y prestar atención a sus descripciones de puestos y las tareas requeridas a ellos, uno podría llamarlos administradores, psicólogos prácticos, animadores, vendedores, planificadores estratégicos, directores ejecutivos, personajes, consejeros, administradores de conflictos, burócratas, visionarios, maestros, oradores motivacionales, pacificadores, alborotadores, mercadólogos y así sucesivamente. Todo adaptándose aquí y allá en la estructura para el bien de la organización y sus clientes.

Mientras tanto, la gente fuera de la paredes de la iglesia sigue esperando, con toda la creación, por la manifestación de los hijos e hijas de Dios (Romanos 8:19). Como un pueblo desesperado, atrapado dentro de una fantasía de desarrollo y progreso, consumido por el trabajo duro sin sentido y sin saber qué hacer con un estado de ánimo apático, esperan desesperadamente por pastores: una clase de gente que pueda actuar como enlace entre ellos y su Creador; esperan por un pueblo, que en su vida cotidiana normal estén preparados, entrenados y conscientes del hecho de que no están allí para hacer dinero y tener éxito, sino para ser fieles servidores del Señor.

Estoy convencido de que las personas de fuera de las paredes de la iglesia son exactamente como la describe Mateo 9:36: "ovejas sin pastor", "extraviados" y desviados hacia sus propios caminos. No son clientes para ser atraídos, ni necesitados para ser ayudados, ni gentiles para ser cambiados. Son, como mi amigo Jim Henderson dice: "el pueblo que el Señor ama más, también conocidos como ´los perdidos´", y están listos para escuchar la voz de una persona real, que camine junto a ellos, viva la misma vida y le guste estar con ellos. Una voz de alguien que sea un discípulo de Aquel que vino y vivió este tipo de vida entre nosotros.

Para este tipo de escenario, donde una iglesia puede servir a la gente de su alrededor, los líderes de la iglesia --llámalos con el nombre que mejor te parezca-- deben tomar en serio la tarea dada por el Señor y cambiar un poco. En lugar de gastar su tiempo como se describió anteriormente, necesitan estar preparados para ser ancianos (mentores) para sus hermanos y hermanas, sobre todo compartiendo, como personas mayores, su experiencia con el fin de que pueda ser utilizado por los menos experimentados para crear nuevas y más sabias maneras de servir. Ellos harán esto al convertirse en reales obispos, aquellos que pueden mirar más allá y ayudar a una comunidad de fe a actuar con igualdad con el fin de manifestar una nueva forma de vida en su vida cotidiana. Y como pastores que se preocupan si el rebaño de la iglesia está saludable, seguro y bien alimentado; no para quedar bien con ellos y ser obiedientes, sino para servir afuera como una presencia real de Jesús en el mundo. La iglesia ha recibido estos hombres y mujeres con el fin de ayudarlos a preparar a sus hermanos y hermanas a vivir sus vidas en el mundo como sacerdotes, no hay razón para usarlos de otra manera.

Pero ¿cómo hemos quedado atrapados en esta situación y qué alternativa tenemos?

Como dije al principio, desde hace algunas décadas la imaginación ha sido capturada por el mito del pensamiento global. ¿Por qué tengo que llamarlo un mito? El Pensamiento global es un mito, ya que crea su propia narrativa, los héroes y sus objetivos. Es un mito porque puede dar la impresión de que es algo que podemos darle a nuestras vidas. Pero vamos analizarlo un poco.

Para pensar globalmente uno tendría que tener una visión global, una especie de omnisciencia que pueda comprender el panorama completo, en otras palabras, usted tendría que ser Dios. Y esto siempre ha sido nuestra mayor tentación y el origen de este mito. En el libro “Creación y Caída", escrito por Dietrich Bonhoeffer, el describe dos tipos de la humanidad: la humanidad “imago dei” y la humanidad “sicut deus". Una humanidad que es humanidad-en-la imagen--de-Dios se opuso a la humanidad-como-Dios.

Jugando a ser dios, pero sin ser Dios, después de escuchar a la serpiente empezamos a tener la necesidad de estar informados de lo que fue nuestra tarea, ya que de hecho, la omnisciencia no la tenemos. Después de haber dado el primer paso, la serpiente estaba allí para empujar un poco más a lo largo de los siglos y al final nos informó que estábamos rodeados por las necesidades de: educación, saneamiento, atención médica, alimento, empleo, vivienda, capacitación, etc Para satisfacer y suplir estas tan urgentes necesidades dos mitos fueron propuestos e inventados: Progreso y el Desarrollo. Y los dos tuvieron que ser llevados por todos como la solución final a nuestra condenación.

A sabiendas de que otros agentes, los gobiernos y los mercados, estaban haciendo su trabajo con un tercio de la humanidad, inscribiéndolos dentro de esos mitos y satisfaciendo sus necesidades ficticias, los otros dos tercios estaban allí esperando a alguien que quisiera usar lo que se ha convertido en los negocios más rentables del siglo 20: el negocio de la ayuda que apunta a aliviar e incluso ahora pretende erradicar la pobreza, e inscribir a todos en esos mitos. Para entender lo que estoy diciendo, déjenme decirles una historia que el difunto John Seymour solía contar. El conocía muy bien a África antes la Segunda Guerra Mundial y en una conferencia dijo en sus propias palabras:

“Lo único que recuerdo de los pueblos de Zambia antes de la Segunda Guerra Mundial es que nunca llegué a una aldea que no fuera próspera, nunca vi una persona con hambre, nunca vi una persona que me pareciera ser pobre. Vi un montón de gente que no tenía nada de ropa. Difícilmente vi alguna persona con cosas como automóviles o motocicletas, aparatos de radio y cosas así ... nunca vi a nadie con hambre, nunca oí a nadie pasar hambre, nunca escuche acerca de las hambrunas. Nunca oí hablar de desempleo. La razón de que no había desempleo era porque no había empleo. Nadie estaba empleado. No había trabajo. Nadie quería un trabajo. ¿Quieres un trabajo si tienes todo lo que necesitas? Tienes tu casa. Toda persona que conocí podía construir su casa en un día con la ayuda de sus vecinos... he vivido en esas casas y les puedo decir que son cómodas, mucho más cómodas que las casas que no valen nada, que usamos para vivir. Por una razón había fuego en el medio del piso. Y si usted se ponía de pie casi se ahogaba. Pero descubría cuando se sentaba que el humo quedaba sobre su cabeza... y los mosquitos no te molestaban... Tienen todo el asunto resuelto. Ahora fui a África después de la guerra y volé alrededor en una máquina voladora y pude ver lo me parecía que era... "progreso".

Después de 60 años de tan buena ayuda para el progreso en el mundo y los programas de alivio de la pobreza basados en las buenas intenciones y mucho dinero, cosas como la propagación de la revolución verde, el saneamiento del oeste, la escolarización masiva y la capacitación laboral, ¿Qué hemos logrado en el mundo? Por primera vez en la historia, desde mayo de 2009, tenemos mil millones de nuestros amigos seres humanos que viven en necesidad! Sólo un pequeño ejemplo de lo mal que estamos manejando el negocio de “desarrollo”.

También tenemos a miles de millones eludidos por las promesas de un posible y futuro progreso y un desarrollo que nunca será obtenido, abandonando desde la raiz su estilo de vida original, dejando sus casas y familias, alienando su forma de pensar de sus trabajos, humillados al llamarlos excluidos, subdesarrollados, primitivos, sin educación, que viven en tugurios y barrios peligrosos lejos de donde trabajan, se mueven alrededor de los trenes y los sistemas de transporte masivo como el ganado, trabajan en fábricas para producir bienes innecesarios, expuestos a la violencia, abusando del alcohol y las drogas, produciendo más basura y perdiendo su tiempo, su energía, y sus vidas todo el tiempo siendo atraídos hacia el mismo apego al lujo experimentado por los ricos y todo esto por el bien de nada bueno para ellos o el mundo. Ellos son ovejas sin pastor mientras nosotros jugamos a ser Dios...

Note cuidadosamente cómo la serpiente ha hecho esto: ¿cómo hemos sido atraídos? (Gen 3:1-5a)

Pero la serpiente era astuta, más que cualquiera de los animales del campo que Jehová Dios había hecho. Él dijo a la mujer, "¿Realmente dijo Dios: ´No debes comer de todo árbol del huerto´?" La mujer dijo a la serpiente: "Podemos comer las frutas de los árboles en el jardín, pero Dios dijo: 'No deben comer de la fruta del árbol que está en el centro del jardín, y no deben tocarlo, o morirán. "No moriréis", dijo la serpiente a la mujer. "Pues Dios sabe que cuando coman de él, sus ojos se abrirán, y seréis como Dios".

Según Bonhoeffer, la paradoja de la Caída es que nos volvimos menos humanos, tal como se describe más arriba, tratando de ser "como Dios". La Caída es el rechazo a ser criaturas de Dios o iconos --la humanidad Imago Dei, leal y feliz con el orden del Señor--. La Caída es el intercambio de esto por el intento de "jugar a ser Dios" y mejorar la creación y el orden de Dios convirtiéndose en la humanidad Sicut Deus, una humanidad que cree que es "como Dios" y puede jugar a ser Dios.

Habiendo dicho todo esto, podríamos afirmar que el desarrollo y el progreso son sólo expresiones y falsas certezas de una humanidad “deus sicut". La ironía es que al tratar de jugar a ser Dios nos hemos convertido en menos humanos y tratando de mejorar la creación nos hemos conducido a un punto cercano al exterminio. Creo que lo más necesario en este punto para nosotros sería escuchar a alguien con valentía simplemente diciendo: Arrepiéntanse, dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien. Mis hermanos y hermanas, esa es la mala noticia.

La buena noticia es que Jesús tiene otra idea para nosotros. La iglesia local puede presionar el botón de reinicio e imaginar y experimentar un escenario diferente y un tipo diferente de acción. En primer lugar, ¿qué pasaría si, en lugar de tratar de tener una visión global comenzamos a tener una actitud local? En lugar de enormes iglesias a las que hay que conducir kilómetros para asistir tenemos pequeñas parroquias nuevamente a poca distancia de nuestras casas? ¿Qué pasaría si los pastores y congregaciones enteras comenzaran a pensar en sí mismos como el verdadero sacerdocio por el bien de los que están fuera de las paredes mirando a todos los que están a su alcance como sus feligreses y responsabilidad?

¿Y si la iglesia se convierte en algo así como una parroquia real recuperando el origen griego de la palabra Para-Oikia, alrededor de una casa? Y en lugar de viajes largos, ¿que tal si empezamos la peregrinación alrededor de nuestras casas? (El verbo paroikein en griego se utiliza para describir la peregrinación de Abraham en Canaán). ¿Qué pasa si en lugar de pensar en nosotros mismos como un pueblo misionero nos abrimos a la posibilidad de ser un pueblo disperso, con la mochila siempre lista para ser adoptado? Listos para ser enviados allí donde el Espíritu nos envíe, dispuesto a seguir la nube, no para una dominación global y monocéntrica del universo, sino como una red de pluri universos multi-céntricos, situados en las comunidades locales y centradas sólo en Cristo pues los discípulos saben dónde está la fuente. Esto significa disposición a ir, como un viejo dicho Menonita dice: "...a donde no teníamos intención de ir..." Evitando Babel, y siguiendo el Pentecostés, la nube y la columna de fuego.

¿Y si los de las iglesias locales, llamados a ser obispos, ancianos, pastores --utiliza tu palabra preferida-- se centran en la formación, preparación y envío de su pueblo como pastores y sacerdotes de sus alrededores siendo vecinos de esperanza y que se preocupan por su gente? ¿Qué pasa si, en lugar de dejar que el mundo establezca la agenda y nos utilice para ampliar el desarrollo y el progreso a las bases, nos convertimos en un pueblo dispuesto a admirar, observar y aprender de las bases con el fin de aprender de ellos, cuestionando nuestro estilo de vida y celebrando un pluri universo multicéntrico de expresiones de Dios? ¿Qué tal si establecemos diálogos y conversaciones de las que podamos aprender un estilo de vida distinto que pueda inspirarnos para detener lo que estamos haciendo con la creación de Dios? ¿Qué pasa si todo el mundo se convierte en un auténtico comunicador al convertirse en una persona comprometida con la acción en el mundo a su alrededor, tomando el cuerpo y la sangre de Cristo y compartiéndolo en las calles, en las fábricas y dentro de las oficinas?

¿Qué pasa si, en vez de la planificación estratégica, comenzamos a abrazar contingencias (las cosas inesperadas que suceden en el camino mientras seguimos a Jesús), llevándolas fuera del compañerismo de los creyentes locales, sus dones y recursos locales, en lugar de ordeñar iglesias ricas para que nos ayuden a manejar nuestros programas y organizaciones. No abordando las necesidades ficticias, no haciendo las cosas a causa de una mala conciencia o un sentido de indignación moral, sino como un desbordamiento comunal del evangelio que apunta hacia lo que Leslie Newbigin llama: "la mayor realidad que nunca será plenamente comprendido en un programa de acción social"?

Creo que el mundo fuera de nuestras paredes necesita un pastor, no un profesional, pero un pastor en forma de un pueblo, un pueblo entrenado para "estar ahí", mientras que trabajan y viven sus vidas cotidianas: en el mercado, las escuelas, los hospitales, los servicios gubernamentales, cerca de nuestras culturas o desplazados, donde quiera que estén, siendo la presencia misma del Señor en el mundo.

Podríamos volver a nuestras iglesias y revisar nuestros planes, dispuestos a recibir las contingencias "en el camino" y con la disposición para "estar ahí", simplemente prestando atención al mundo, a nuestras comunidades y vecinos, respondiendo con la cosas simples que tenemos en nuestras manos como comunidades locales de fe que construyen relaciones con nuestros vecinos, que confían en que el Buen Pastor estará con nosotros cada vez que decidamos estar ahí con los demás.

Por Claudio Oliver Feraz
Igreja do Caminho, Curitiba
RdC Brasil

 
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"¿Cuán saludable es para las mujeres su ciudad?... ¿Existe paridad de género en las comisiones? ¿Existen leyes que defiendan los derechos de las mujeres? ¿Existen políticas diseñadas para combatir la violencia contra las mujeres? ¿Existen las redes de intercambio entre mujeres? (...) Qué interesante sería plantear tales preguntas en el contexto de nuestras iglesias y teologías: ¿Cuán saludable para las mujeres es su teología? ¿Cuán saludable es para los varones que no se ajustan a las pautas hegemónicas machistas? ¿Cuán saludable para las mujeres es su Seminario o Institución teológica? ¿Cuán hospitalaria para las mujeres es su comunidad eclesial o su denominación?".

Nancy Bedford, "De la ciudad de Dios y la ciudad de las damas", tomado de DIALOGOS DE VIDA (Colección FTL, Nro 25)